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jueves, 28 de junio de 2012







Como afirman Berger &Berger, "se puede afirmar que la socialización nunca termina". Por este motivo, en sociología se diferencia entre socialización primaria y secundaria.




La socialización primaria 
 El proceso ontogenético por el cual las personas llegan a incorporar y compartir con el resto de los miembros de una sociedad el conjunto de sus 
significados culturales, se denomina socialización, que puede definirse como la introducción amplia y coherente de un individuo en el mundo objetivo 
(cultura) de una sociedad o en un sector de él. La socialización primaria es la primera por la que el individuo atraviesa en la niñez; por medio de ella se 
convierte en miembro de la sociedad. La socialización secundaria es cualquier proceso posterior que introduce al individuo ya socializado a 
nuevos sectores del mundo objetivo de su sociedad 
Veamos los rasgos más característicos de esta socialización primaria. 
   
  1.  Es  la  más  importante  para  el  individuo,  y,  en  cada  caso,  a  ella  debe 
asemejarse toda socialización posterior. 
 2. Aunque se va a interiorizar la cultura de una sociedad o grupo, «en general», esto va a tener lugar de  manera particular, puesto que el 
encuentro con la cultura de la sociedad va a tener lugar a través de un proceso mediatizado por «otros significantes» (personas con un significado 
especial para mí) concretos (normalmente el grupo familiar) que le dan un cierto carácter «particular» porque nos «filtran» o mediatizan esa cultura 
general, seleccionando sus aspectos sobre todo según la situación que ocupan dentro de la estructura social (clase, género...) y también en virtud de sus idiosincrasias (maneras de ser) individuales biográficamente 
arraigadas. 
 3. Es siempre mucho más que un  puro fenómeno cognoscitivo. La afectividad desempeña un papel fundamental. La intensa carga emocional 
del momento hace posible la formación de «otros significantes» que no son sino personas con las que, por su valor afectivo, se tiene una estrecha 
relación que hace posible la comunicación y el intercambio de significados culturales, por lo que se convierten en especialmente influyentes dentro de 
la dinámica de la socialización. 
 4. Así surge el mecanismo de la identificación que tiene un doble contenido: a) el otro significante se convierte en modelo imitado y obedecido, en sus comportamientos, valores, órdenes; y b), por la relación afectiva establecida la imagen que de mí el otro me refleja . En otras palabras, el yo es una entidad  reflejada, porque refleja las actitudes 
que primeramente adoptaron para con él los otros significantes; el individuo llega a ser lo que los otros significantes lo consideran. 
 Hay que tener en cuenta que esto no es un proceso mecánico ni unilateral; implica una dialéctica entre la identificación que hacen los otros 
y la propia autoidentificación, con resultados y equilibrios diferentes según el grado y momento de desarrollo de los sujetos. 
 5. Lo que interesa destacar es que esta identificación, siendo un mecanismo y experiencia individual y psicológica, tiene un alcance social y 
produce la socialización.  El individuo no sólo acepta los roles y las actitudes de los otros, sino que en el mismo proceso acepta el mundo de 
ellos. En realidad, la identidad se define objetivamente como ubicación en 
un mundo determinado y puede asumírsela subjetivamente sólo junto con 
ese mundo.» Recibir del otro un reflejo sobre mí como «niño bueno», «valiente» o «niña guapa» y configurar yo mi identidad sobre ese reflejo, 
implica asumir la manera concreta en la que en ese contexto se define un «niño bueno» o cualquier otro modelo o valor (por ejemplo, ser mujer), es 
decir, lo que llamamos cultura, y organizar yo sobre ella mi identidad. 
Las apropiaciones subjetivas de la identidad, por un lado, y del mundo social, 
por otro, no son sino aspectos diferentes del mismo proceso de internalización, mediatizados por los mismos otros significantes. 
 6. La formación del «otro generalizado» es un elemento fundamental en la socialización. Se trata de la formación en la conciencia del niño de una 
abstracción progresiva que va de los roles y actitudes de otros específicos a 
los roles y actitudes en general. El niño aprende que  no sólo alguien concreto (por ejemplo, la madre) se opone a que rompa alguna cosa (un 
juguete) en un momento o lugar determinado (el día de Reyes y en su casa), sino que todos se oponen a que rompa cualquier cosa en todos los lugares o 
momentos. La persona entonces generaliza y descubre la norma: «Hay que ser cuidadoso y cuidar siempre todas las cosas». Y en las normas descubre la sociedad y lo que es ser parte de ella (o vivir en ella). 
 La formación del «otro generalizado» en la conciencia [...] significa que ahora el individuo se identifica no sólo con otros concretos, sino con 
una generalidad de otros, o sea, con una sociedad. Solamente en virtud de esta identificación generalizada logra estabilidad y continuidad su propia 
auto-identificación.
 La formación del otro generalizado implica la formación de una simetría dentro-fuera, individuo-sociedad. Porque el mundo fuera está 
organizado con normas de limpieza, yo me hago dentro de mí limpio; y porque yo me he hecho «limpio» exijo limpieza en la sociedad. Sin embargo, esta coincidencia nunca es total, es decir, siempre habrá aspectos en el individuo 
(por ejemplo, los que tienen que ver con la biología) que no respondan a la sociedad; y en la sociedad también habrá aspectos que no haya internalizado el individuo (en nuestra interacción con los demás continuamente nos 
estamos encontrando con situaciones y cosas nuevas). 
 7. Los contenidos de la socialización primaria varían de una sociedad a otra, de una cultura a otra, de una subcultura a otra. Entre ellos ocupa un 
lugar destacado el lenguaje, cuyo aprendizaje implica el asumir esquemas motivacionales e interpretativos, que configuran programas de conducta y facilitan las elaboraciones teóricas que llevan a aceptar que «las cosas son 
como son». Por ejemplo, es muy frecuente que nos dirijamos a una niña pequeña con el adjetivo «guapa», mientras  que  al  niño  le  decimos  otra  cosa como «valiente» o «fuerte»... O cuando le decimos a la gente que hable «en 
cristiano», o que haga las «cosas a derechas», o que no vaya como «los 
gitanos», etc. En todas esas ocasiones se nos enseñan «programas de conducta» (al mismo tiempo que aprendemos y nos apropiamos las palabras). 
 El carácter de la socialización primaria resulta afectado por la mayor o 
menos complejidad del orden social que ha de transmitirse. 
 8. El mundo (primer mundo) que se forma en la socialización primaria (si se ha desarrollado con normalidad) tienen un carácter de firmeza, claridad y de «realidad sin problema» e «inevitable» o necesario, porque no hemos tenido que elegir, sino que nos han sido dados y han sido los primeros. 
De cualquier forma, el mundo de la niñez está constituido como para inculcar una estructura de orden y seguridad que le infunda confianza en 
que «todo está muy bien» permaneciendo vivo en nosotros y pudiendo servir 
de refugio cuando comprobamos que las cosas son en exceso difíciles (la 
«regresión» del Psicoanálisis). 
9. La socialización es un proceso que dura toda la vida. No acaba 
nunca. Sin embargo, consideramos que con la formación del otro generalizado ha acabado la socialización primaria, aunque no está nunca totalmente cerrada. Hay otros tipos de socialización: la secundaria. 


 La socialización secundaria es la adquisición del conocimiento específico de roles, estando éstos directa o indirectamente arraigados en la 
división  del  trabajo.  La  inserción  en  la sociedad la realizamos a través de un trabajo o «profesión», cuya preparación es un ejemplo claro de socialización secundaria. 
 La socialización secundaria requiere la adquisición de vocabularios específicos de «roles», lo que significa, por lo pronto, la internalización de 
conjuntos de significaciones que  estructuran interpretaciones y comportamientos de rutina dentro de un área institucional. Al mismo tiempo 
se adquieren elementos no explícitos  o informales de esos conjuntos de significados, tales como comprensiones tácitas, evaluaciones y coloraciones 
afectivas de los mismos. Por ejemplo  la «socialización profesional» del 
profesor implica el aprendizaje de vocabularios que constituyen su actividad profesional (programación, evaluación, didáctica, etc.), lo cual implica la 
adquisición de significados, actitudes, sentimientos... acerca de la utilidad, 
nobleza, valor social, posibilidades de realización personal, etc. del mundo de la educación. 
 Se internalizarán pues, algo así como «submundos», con un carácter 
de «parte» de la realidad. 
 La característica fundamental de la socialización secundaria es que presupone la realidad resultante de la primaria, con la que ha de encajar y 
lograr coherencia. 
 Si en la primaria, la afectividad y la identificación en consecuencia, tenían  un  papel  central,  no  ocurre  aquí  lo  mismo,  y  no  se  precisa  más 
afectividad ni identificación de la normal en cualquier comunicación 
humana. Hay que «amar» a los padres,  pero no a los profesores de la 
universidad. 
 Los «otros significantes» de la  secundaria no nos aparecen como representantes de «la realidad» sino como «representantes» de significados 
institucionales específicos. Comportan un alto grado de anonimato (vale decir que se separan fácilmente de los individuos que los desempeñan). Y son, por tanto, intercambiables. 
  La  consecuencia  más  importante  de  todo  lo  anterior  es  que  los contenidos de la socialización secundaria tienen una inevitabilidad 
subjetiva mucho menor que la que poseen los contenidos de la socialización 
primaria. Por lo tanto, el acento de realidad del conocimiento internalizado en la socialización secundaria se descarta más fácilmente. Así, un niño no desobedece a sus padres sin cierto problema, mientras le es fácil al estudiante universitario «pasar» de las exigencias de su profesor y poner en 
duda los conocimientos que le transmite. 
 De ahí que el carácter de realidad de estos contenidos deba ser reforzado por «técnicas específicas», que tienen como función hacérselos 
sentir al individuo como algo «familiar». La realidad de la primaria aparece como «lo natural», en relación con lo cual todo lo demás cobra un carácter 
de «artificial». Así, por ejemplo, resultara más difícil interesar en los 
aspectos clave de la cultura culta o académica a personas que no se han familiarizado con ella en su socialización primaria, normalmente en el medio 
familiar, porque viven en medios desprovistos o empobrecidos (o explotados) culturalmente,  si  no  es  a  base  de  fuertes  experiencias  biográficas,  lo  cual  es difícil en las actuales condiciones de anonimato y masificación propias de la 
enseñanza universitaria. 




Actividades: 


1) Confeccionar en word una red conceptual sobre la socialización primaria y secundaria.
2) En el mismo documento, deberán insertar hipervínculos que enlacen a fotos, videos y/o imágenes de la web que ejemplifiquen ambos tipos de socialización. Fundamentar la elección.
3) Enviar el trabajo a percaradiana@gmail.com.ar hasta el 10/7




    

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